«Yo pedí que mi madre fuera sujetada por el bien de la familia y de ella misma»

Vivir con un enfermo de Alzheimer es una tarea muy difícil. Lo peor es ver que se deteriora inevitablemente.

M. DEL M. SICART | LOGROÑO

Carmen Díez Sánchez tiene 94 años y padece Alzheimer desde hace diez. Toda su vida fue una persona muy sana y la enfermedad se le manifestó muy tardía. Afortunadamente para la familia. «Todo comenzó con pequeños olvidos. A lo mejor llegabas a casa, le preguntabas si había comido y te decía que sí. Pero veías que no lo había hecho. Otra vez, en pleno verano, encendió el horno sin nada dentro. Decía que tenía frío. Un día entero estuvo perdida en Logroño», cuenta su hija Beatriz Fernández Díez.

El especialista diagnosticó una demencia senil y les dijo: «Lo bueno que tiene es que es muy mayor, porque si no, os machaca». Beatriz recuerda que los comienzos fueron muy difíciles. «Lloraba mucho porque no lo entendíamos» y las hermanas no se ponían de acuerdo sobre la forma de cómo debían tratar a su madre. Se plantearon el problema muy seriamente, llegaron a acuerdos y aprendieron a distribuirse las cargas. Para irse de vacaciones, se turnan y se toman de 8 a 10 días cada una.

Hace dos años Carmen perdió la movilidad. Está ciega en una silla de ruedas y el año pasado fue incapacitada legalmente para manejar su pensión de 550 euros mensuales, de la cual deben rendir cuentas al juez anualmente. Pero, en su momento, Carmen sufrió episodios violentos. «Yo pedí especialmente que mi madre fuera sujetada. Esto es por bien de la familia y de la persona enferma. El que diga que no deben atarse, no sabe lo que es un enfermo de Alzheimer. Si nosotros no la sujetamos, se nos habría abierto la cabeza cinco veces. En Urgencias nos plantearon lo del cinto para sujetarla».

Y no por eso se le quiere menos al enfermo. Sus hijas la cuidan con esmero. Va a AFA-Rioja, de lunes a viernes, de 7:30 hasta casi las 18 horas. Esperan su llegada, le dan la merienda, la peinan, le pintan los labios y la llevan a dar un paseo. «Mi madre va guapísima, sigue siendo muy coqueta. Le gusta que le peinen y que le pinten los labios. Cuando le decimos que está guapísima se sonríe. Ellos necesitan mucho afecto. Le damos muchos besos y nos los devuelve. El médico me dice que mi madre vive porque está muy rodeada de cariño. El día que nos falte, porque es ley de vida, la vamos a echar mucho de menos».

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